Enfermedad Inflamatoria Intestinal: Incidencia creciente en jóvenes
19 MAYO 2026.- Si bien no se conoce su origen específico, estilos de vida poco saludables y predisposición genética pueden influir en esta dolencia que afecta a 10 millones de personas en el mundo, especialmente entre los 20 y 40 años.
Cada año se lleva a cabo la jornada mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), para recordar a las personas la importancia de su detección precoz, más aún cuando se ha anotado una creciente incidencia en personas jóvenes.
“Agrupa a la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, que son distintas en su mecanismo y origen, aunque tienen rasgos parecidos en cuanto a su presentación inflamatoria en general”, explicó el académico del programa de postgrado en Ciencias Biomédicas de la UTalca, Sergio Wehinger.
Ambas son dolencias inflamatorias crónicas del tubo digestivo, precisó, “pero se diferencian en las zonas afectadas y en la profundidad de la capa intestinal dañada”.
“La colitis afecta solo al colon, es decir, lo que entendemos por intestino grueso, y también puede llegar al recto. Por lo tanto, compromete la capa más interna del intestino. En cambio, la enfermedad de Crohn, puede afectar cualquier parte del sistema digestivo, incluyendo la boca hasta el ano, aunque generalmente las manifestaciones se concentran en el intestino delgado con inflamación que pueden comprometer todas las capas de la pared intestinal”.
Sobre los síntomas, el docente de la Facultad de Ciencias de la Salud, detalló que “en general todas estas enfermedades comparten síntomas como el dolor abdominal intenso, diarrea, fatiga, pero como sus mecanismos son distintos, su comportamiento y tratamiento pueden variar”.
En Chile afecta a cerca de 20 mil personas. Sin embargo, los estudios muestran que estas enfermedades han ido aumentando sostenidamente en las últimas décadas, con incidencia creciente en personas jóvenes, “especialmente en países occidentales, desarrollados o en vías de desarrollo como nuestro país”, dijo el investigador.
DIAGNÓSTICO TARDÍO
Un problema en su tratamiento es el sub-diagnóstico o tardío. “Es una de las tantas enfermedades que se pesquisa tarde, ya que las personas pueden pasar años con molestias pensando que alguna comida les cayó mal o que tienen intolerancia a la lactosa, etc., sin recibir un diagnóstico correcto”.
SISTEMA INMUNE
Sobre su origen desconocido, Wehinger explicó que, como muchas enfermedades inflamatorias crónicas, se trata de una “respuesta inadecuada del sistema inmune, de origen multifactorial sin una causa única específica”.
Si bien en algunos casos se puede rastrear un detonante, “en general hay una predisposición genética como en muchas enfermedades inflamatorias inmunológicas, donde los antígenos HLA predisponen a la persona a enfermar de inflamación crónica y/o autoinmune”.
Hay otros factores -dijo- que aún se tratan de entender “como la microbiota intestinal, cambios en ella y factores ambientales en general. Por eso actualmente no existe una forma que garantice una prevención efectiva, aunque hay hábitos que pueden disminuir el riesgo o evitar formas más agresivas de esta enfermedad, como NO fumar, mantener una alimentación equilibrada, evitando alimentos ricos en sal o grasas saturadas; y reducir el estrés crónico”.
“Se sabe que el estado del sistema nervioso influye muchísimo en tantos los movimientos peristálticos, secreción gástrica e intestinal”, explicó el académico.
También es importante “evitar el uso innecesario de antibióticos, ya que dañan la microbiota intestinal. En su estado normal ésta protege de enfermedades inflamatorias”.
Por otra parte, Wehinger resaltó que es necesario “consultar precozmente ante síntomas digestivos persistentes, como diarrea, comidas que constantemente caen mal, colon irritable. Un diagnóstico temprano es primordial para evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida, con un buen tratamiento, evitando un daño mayor y persistente al sistema digestivo”.
EVOLUCIÓN
Esto, porque las EII o inflamaciones en general en cualquier órgano, dijo el académico, “se relacionan a ciertos tipos de cáncer, porque la inflamación crónica daña repetidamente los tejidos y obliga a las células a regenerarse constantemente para reparar el daño celular o genético. Y este proceso de dañar y reparar repetidamente, y de proliferación para compensar las células que se van dañando o muriendo, aumenta la probabilidad de que aparezcan mutaciones genéticas que nuestro sistema no alcanza a cubrir”.
En pacientes con EII, cuando esta inflamación es intensa y prolongada durante muchos años, se asocia a mayor riesgo cáncer colorrectal, “por eso necesitan controles específicos como colonoscopia de vigilancia para detectar evolución de cualquier lesión que aparezca, o cambios precancerosos antes de que evolucionen a un cáncer mucho más difícil de tratar”.
«Uno de los objetivos del tratamiento de esta enfermedad es precisamente controlar la inflamación, que aumenta la probabilidad de cáncer a largo plazo”, puntualizó Wehinger.
