Diferencias sociales resurgen en plan de vacunación contra el Covid
20 ABRIL 2026.- Esta es una de las novedades que se ha logrado indagar en la cuarta etapa del estudio de inmunidad que realiza la profesora Loreto Núñez Franz, de la Facultad de Ciencias de la Salud. Los resultados se entregaran este jueves 23 a través Youtube.
La profesora Loreto Núñez Franz (Salud Pública UTalca) está trabajando en la 4ª ronda de seroprevalencia, proyecto FONIS que tiene su origen en una serie de investigaciones que comenzaron en 2020 relacionadas al COVID-19 y que se han realizado en colaboración con las universidades del Desarrollo (UDD) y Católica del Norte (UCN).
Junto a Pablo Vial y Ximena Aguilera, de la UDD, y Muriel Ramírez, de la UCN (turnándose en la dirección de los proyectos), los/as investigadores/as midieron anticuerpos en Talca, Santiago y La Serena-Coquimbo, en el mencionado año 2020, y en La Serena-Coquimbo y Talca en 2021, 2022 y 2024.
“Después de los cuatro años queríamos saber cuál era la cobertura efectiva de la vacunación en la población y si hay o no variaciones territoriales ligadas a variables sociales. Y sí las hay”, explicó.
Al inicio de las inmunizaciones por la pandemia -dijo la docente- “había gran interés de la población por acceder a la vacuna”. En 2022 la inmunización se distribuyó de manera homogénea por los territorios y no estaba determinada por factores sociales. Es decir, la política pública de universalización, funcionó. Y posteriormente, el año 2023, el Ministerio de Salud estableció la vacunación solo para población de riesgo”.
Pero en 2024, explicó Núñez, “emergieron diferencias sociales en el territorio, con grupos que tenían al día su vacunación, y otros que no. Por ejemplo, las personas no tienen claro si pertenecen a alguna población de riesgo, a pesar de que tiene un componente sencillo, que es la edad”.
“El Ministerio de Salud –detalló la profesional- indica que después de los 60 años perteneces al grupo de riesgo, pero, la gente que tenía 60 años no sabía que era población de riesgo. Y eso puede deberse a que en Chile tenemos beneficios sociales que se entregan a partir de los 65, entonces ahí se produce una confusión, que vimos se da en todos los niveles de educación”.
Estas diferencias de adherencia a la vacunación contra el virus del SARS-CoV-2 “no guardan relación con la distancia entre los hogares y los centros de salud. Tampoco encontramos participantes (ni en La Serena Coquimbo ni en Talca), que estuviera cursando la enfermedad aguda, todos tenían inmunidad ya sea por efecto de la vacuna y/o de la enfermedad”, precisó la docente.
Detalló que ahora “estamos midiendo, en una sub-muestra, la capacidad de los anticuerpos que tenemos todos para neutralizar el virus”.
SÍNTOMAS PERSISTENTES
Otro factor que estudiaron las académicas fue la presencia de síntomas persistentes después de tres meses de sufrida la enfermedad.
“Quisimos saber si existe una agrupación de síntomas y efectivamente detectamos tres grupos dentro del 40% de las personas de la encuesta que dijo haber tenido COVID-19: Uno que presenta mayormente fatiga, pérdida del olfato y dolor muscular; otro grupo que sufre habitualmente de disnea, palpitación y dolor toráxico, y un tercer grupo en que las personas presentan todos los síntomas«.
ETAPA 2024
Sobre la cuarta etapa del estudio, Núñez explicó que ya se hizo el trabajo en terreno y que ahora queda procesar la información.
Esta vez, “lo que queremos ver es cómo ha ido evolucionando la seroprevalencia. En el primer estudio, previo a la vacuna, un 11 por ciento de la población (sumando las tres ciudades), tenía inmunidad. En Talca era solo del 2 por ciento. Entonces la probabilidad de tener nuevas olas pandémicas en el 2020 era enorme. Cuando apareció la vacuna la inmunidad subió al 98%”.
Finalmente, en mayo de 2024, un 100 por ciento de la población tiene anticuerpos y hay personas que reportaron síntomas compatibles con long covid. Además, esta nueva etapa de estudio ha revelado que han surgido patrones territoriales desiguales respecto de la vacunación.
“Por ejemplo, que el número de dosis se correlaciona con el número de personas mayores en las ciudades; o que las personas con mayor nivel educativo presentan mayor número de dosis inoculadas; al contrario, personas que viven en hacinamiento, presentan menos dosis inoculadas”.
“Por lo tanto –dijo la académica- hay determinación social: la gente que logra tener sus vacunas al día es de mayor nivel socioeconómico, y, por el contrario, vemos que cuando hay más precariedad (en este caso hacinamiento) hay menos dosis de vacuna recibidas, y la gente queda en riesgo de tener una enfermedad grave. Esto, en el año 2022, no lo encontramos”
También trabajaron en esta serie de proyectos Macarena Said, docente de la Salud Pública UTalca; Luis Canales de la Facultad de Economía y Negocios (FEN UTalca), Wendy Donoso de la Escuela de Tecnología Médica UTalca; y Paola Rubilar, Lina Cortes y Mauricio Apablaza, de la UDD.
