No es la edad, es lo que se va perdiendo

 

09 OCTUBRE 2026.- ¿Por qué la depresión afecta a las personas mayores en Chile? Con motivo del Día de la Salud Mental, preguntamos al prof. Gustavo Dominguez Araya por este fenómeno que afecta a la tercera edad en nuestro país.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cerca del 15 % de las personas de 70 años o más vive con un trastorno mental, principalmente depresión y ansiedad. En Chile, país que envejece a gran velocidad, la soledad, las pensiones bajas, las enfermedades crónicas y la pérdida de autonomía configuran un escenario de riesgo que con frecuencia pasa inadvertido, incluso para las propias familias.

Cifras recientes indican que uno de cada cinco suicidios en Chile afecta a personas mayores. En el Día de la Salud Mental (10 de octubre), el prof. de la Escuela de Enfermería de la UTalca, Gustavo Domínguez Araya, explicó que la depresión “no es una parte normal del envejecimiento. Es una enfermedad, tiene causas identificables y tiene tratamiento”.

La OMS estima que “cerca de una sexta parte de quienes mueren por suicidio en el mundo (16,6 %) tiene 70 años o más”, indicó Domínguez.

La salud mental en la vejez -agregó- depende de factores biológicos, entorno físico y social, experiencias acumuladas y pérdidas concretas como el duelo, la disminución de los ingresos, la pérdida de una ocupación significativa y el deterioro de las capacidades físicas. A ello se suma la discriminación por edad, o edadismo.

En junio de 2025, la OMS publicó un informe que situó a la soledad en el centro de la agenda sanitaria, asociada a más de 871 mil muertes al año. Al mismo tiempo, indicó el aislamiento social afecta hasta a una de cada tres personas mayores y que las personas que se sienten solas tienen el doble de probabilidad de desarrollar depresión.

En Chile, las personas mayores ya son el 19,8 % de la población. Por primera vez, este grupo supera en número a los menores de 15 años. Entre 1992 y 2024, el tamaño promedio del hogar bajó de 4 a 2,8 personas. “Estas cifras reflejan viviendas que se vaciaron, hijos que migraron por trabajo y parejas que envejecen solas o en las que uno cuida al otro”, dijo el académico.

El Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo informó que un 38% de las personas de 60 años o más presentaba síntomas depresivos, según datos recogidos en 2021. No todas esas personas tienen un trastorno depresivo mayor, indicó Domínguez, “pero sí un malestar significativo que requiere atención”.

Los datos sugieren que la depresión clínica en la vejez está subdiagnosticada y que el malestar depresivo es considerablemente más frecuente de lo que indican las cifras oficiales.

CAUSAS MÁS COMUNES

Según el profesor, la depresión en la vejez “obedece a la interacción de factores sociales, psicológicos y biológicos”.

La soledad no deseada, es, probablemente, el factor más extendido. “El 49,2 % de las personas mayores en Chile declara sentirse en soledad no deseada y que el 55,5 % presenta un alto riesgo de aislamiento social. Cerca de un tercio experimenta ambas situaciones de manera simultánea”.

Pensiones insuficientes y la disminución de ingresos es un factor de riesgo para la salud mental en la vejez. En Chile, este factor tiene un peso particular. “La mitad de las personas pensionadas por vejez recibe menos de $352.387 mensuales, incluida la Pensión Garantizada Universal (PGU). En el caso de las mujeres, la mediana descendía a $257.040. El Maule figura entre las de pensiones autofinanciadas más bajas del país”, precisó.

Enfermedades crónicas y polifarmacia es otro factor. “Una de cada cuatro personas de 80 años o más -dijo el experto- consume seis o más medicamentos de forma regular. Cada nuevo diagnóstico implica controles, restricciones, dolor y, con frecuencia, temor”.

La pérdida de autonomía es el principal temor. No es la muerte, sino la dependencia. Los síntomas depresivos eran más frecuentes en personas con menor escolaridad y con algún grado de dependencia.

Otros factores son el duelo (enfrentar la muerte de amigos y seres queridos), jubilarse, la sobrecarga del cuidado (personas mayores que cuidan a otras personas mayores), maltrato y edadismo.

Con especto a estos dos último, el docente indicó que, según la OMS, una de cada seis personas mayores sufre algún tipo de maltrato físico, psicológico o económico, o desatención. Mientras que el edadismo implica oír e interiorizar durante años que algunas cosas ‘a su edad ya no vale la pena’.

El género también influye en la ansiedad y depresión de los adultos mayores. “Las mujeres chilenas presentan más síntomas depresivos que los hombres en todos los grupos de edad. Sin embargo, los hombres de 65 años o más fueron el grupo con mayor tasa de suicidio en el país desde 2004, con excepción de los dos años más recientes. Se trata de una de las paradojas más relevantes de la salud mental en la vejez y Chile no es la excepción”.

Para el profesional, “muchos hombres de esta generación crecieron con la idea de que pedir ayuda es una señal de debilidad. Consultan menos y cuando la depresión aparece, suele manifestarse como irritabilidad, consumo de alcohol o quejas físicas, más que como tristeza”.

TRATAMIENTO

Sin embargo, dijo el académico, la depresión en la vejez se puede tratar. “Los tratamientos psicológicos constituyen la primera línea. Entre ellos destacan la activación conductual, la terapia cognitivo-conductual, la psicoterapia interpersonal y el entrenamiento en resolución de problemas. En los cuadros moderados y graves, pueden combinarse con antidepresivos”.

El principal problema no es la falta de tratamientos, sino el acceso a ellos. Chile cuenta con una ventaja relevante. Desde hace dos décadas, la depresión en personas de 15 años y más forma parte de las Garantías Explícitas en Salud (GES). “Esto significa que cualquier persona mayor afiliada a Fonasa o a una Isapre, con diagnóstico confirmado, tiene derecho a tratamiento. En el sistema público, el punto de entrada es el Cesfam en el que la persona está inscrita”, puntualizó.

Un taller en la junta de vecinos, una caminata grupal o una llamada semanal de un voluntario no son, por tanto, acciones menores. Son intervenciones de salud mental respaldadas por evidencia.