Lactancia materna en familias lesboparentales




Con motivo del reciente mes y día del Orgullo, que busca reafirmar derechos de la población LGBTQ+, la académica de la escuela de Obstetricia y Puericultura de la UTalca, Gabriela Herrera, se refiere a los problemas de salud reproductiva y familiar que enfrenta esta comunidad.

Las diversas configuraciones de las familias homoparentales ha dado lugar a una nueva población de padres con hijos/as, lo que resulta desafiante al momento de obtener datos estadísticos.

El 60% de las entrevistadas en el estudio “Ser Lesbiana en Chile 2018” declara estar en pareja. El 15,11%, tiene hijos/as, la mayoría de relaciones heterosexuales anteriores, conservando en la mayor parte de los casos, los cuidados personales. El 18,33% utilizó fertilización asistida y el 5,0% un donante conocido u otros métodos, reflejando además, la dificultad para acceder a tratamientos fertilización asistida.

Múltiples estudios publicados sobre madres lesbianas y el desarrollo socioemocional de los niños, han mostrado que no existe evidencia de que la orientación sexual de la madre influya en el desarrollo del niño/a. Sin embargo, el estigma del lesbianismo sigue siendo importante en la situación familiar.

Hay consenso global acerca de las múltiples ventajas y beneficios de la lactancia materna y la leche humana. En las relaciones lesboparentales, ambas pueden producir, proporcionar y almacenar leche humana, sin embargo, no siempre los profesionales de la salud se encuentran capacitados para proporcionar el manejo adecuado y dirigido a estas familias.

Por esto, resulta importante educar a los equipos de salud para apoyar objetivos de lactancia materna en un ambiente inclusivo, respetuoso y sensible hacia quienes manifiestan abiertamente su orientación sexual, identidad y/o expresión de género no heteronormada.

El control prenatal es una enorme oportunidad para brindar a las familias LGBTQ+ información completa sobre el impacto que tiene el apego, el alojamiento conjunto y la lactancia materna, pero también de la posibilidad que tienen las madres no gestantes de inducir la producción de leche bajo el apoyo de profesionales capacitados para esto.

Establecer un suministro de leche adecuado es sensible al tiempo. Debe comenzar temprano en el embarazo, idealmente 6 meses antes del parto, con instrucciones individualizadas, utilizando estrategias como el uso de hormonas, galactogogos, y estimulo de los pechos , entre otros.

A las madres que decidan amamantar se les debe realizar una valoración completa que incluya la recolección de antecedentes, examen físico dirigido a las características de las mamas y solicitud exámenes de pesquisa de infecciones de transmisión vertical, todo esto para detectar cualquier hallazgo que pueda interferir con el éxito de la lactancia. No se debe perder la perspectiva biopsicosocial y en cada atención se debe utilizar un lenguaje inclusivo sobre crianza e indagar sobre sus redes de apoyo personales y familiares.

La experiencia del parto para los padres LGBTQ+ puede ser socialmente compleja si el centro de salud elegido para el nacimiento no está preparado para trabajar con familias sexualmente diversas. Esta información debe llegar al centro asistencial donde se producirá el parto, idealmente antes del nacimiento, para que los equipos puedan establecer estrategias dirigidas a estas familias.

Durante la hospitalización en unidades de Urgencia, Preparto, Parto y Puerperio se debe asegurar un lenguaje inclusivo verbal y en los registros (p. ej., "madre 1, madre 2"), durante transferencia de información entre turnos y monitorizar cualquier comportamiento inadecuado hacia la familia. Se deben atender las preocupaciones de las madres y que ambas estén incluidas en la toma de decisiones médicas. Es fundamental brindar privacidad en todo momento, especialmente durante el examen físico, la alimentación y la asistencia en lactancia materna, es importante considerar que las habitaciones compartidas pueden ser una barrera importante.

Durante las primeras horas de lactancia se debe priorizar la alimentación con calostro de la madre gestacional y paralelamente apoyar a las madres no gestacionales en la producción, mantención y administración de leche al recién nacido. Para la madre que ha estado en proceso de inducción es clave poner al bebé al pecho lo antes posible con la máxima frecuencia posible, priorizando la alimentación y la producción de leche por parte de la madre gestacional.

El tiempo que demora el inicio de la producción de leche es distinto según si la madre ha amamantado con anterioridad o no lo ha hecho, pudiendo comenzar durante la primera o en las semanas posteriores. Así mismo, los pezones de la madre adoptiva que no han experimentado los cambios propios de la gestación, pueden sufrir dolor e irritación en la piel debido a la succión. Para evitar esta situación es indispensable asegurar un adecuado acoplamiento del niño/a al pezón-areola y el uso de lubricante adecuados para este fin.

Se debe brindar educación sobre la nutrición de las madres que amamantan, ya que requieren energía adicional. Esto se logra incrementando su ingesta calórica diaria, lo cual varía de acuerdo a su estado nutricional.

En resumen, todas las familias tienen derecho a tomar decisiones informadas sobre la alimentación de sus recién nacidos, es por esto que el sistema de salud debe garantizar el acceso a recursos y cuidados inclusivos considerando las diversas estructuras familiares.

Las instituciones de salud deben actualizar sus protocolos sobre la lactancia materna para incluir a los padres LGBTQ + y brindar la oportunidad de participar plenamente en las facetas de identidad materna, nutrición y vínculo madre-hijo.

Gabriela Herrera Carrillo
Matrona
Magíster en Gestión de Organizaciones de la Salud
©Postítulo en lactancia materna y nutrición del menor de dos años
Docente Escuela de Obstetricia y Puericultura
Universidad de Talca