Semana de la sal: llamado es a educar para evitar enfermedades




“El exceso de sodio es especialmente peligroso para quienes presentan antecedentes familiares de hipertensión, obesidad o diabetes”, dijo el académico de la Facultad de Ciencias de la Salud, Sergio Wehinger.

Del 8 al 14 de marzo se está celebrando la Semana de la Sal, bajo el lema “¡Más sabor, menos sal!”. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que educar para “la reducción del consumo de sal/sodio es una de las intervenciones más costo-efectivas para prevenir la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares”.

Así, la entidad propone la reformulación de productos alimenticios para que contengan menos sal y el establecimiento de niveles objetivo para el contenido de sodio en alimentos y comidas. Además, aboga para el establecimiento de un entorno de apoyo en instituciones públicas como hospitales, escuelas, lugares de trabajo y hogares de ancianos, para permitir que se brinden opciones con menos sodio; así como la implementación del etiquetado en el frente del envase para proporcionar información fácil de leer y de entender para los consumidores.

El director del Magíster en Ciencias Biomédicas de la UTalca, Sergio Wehinger, explicó que la sal está compuesta por dos iones, cloruro y sodio. “Su uso es extendido en la humanidad ya que no solo es un saborizante, sino que además es usado como preservante, porque evita el crecimiento de bacterias contaminantes; la mayoría de ellas no tolera grandes cantidades de sal”.

El académico agregó que “el sodio es el elemento más importante de la sal y el que justamente provoca más discusión por sus efectos nocivos en el organismo. La verdad es que el sodio es necesario para algunas funciones: para la contracción muscular, la transmisión de impulsos eléctricos y para la retención de agua para evitar la deshidratación y mantener la presión sanguínea. Pero lo recomendable es consumir no más de 4,5 gramos al días”.

Sin embargo, dijo Wehinger, “generalmente nos pasamos de esa dosis diaria. En las sociedades occidentales usualmente consumimos muchísima sal, sobre los 9 gramos por día. En ese punto debemos considerar que muchos alimentos ya traen mucha sal, como los embutidos o la comida chatarra. Entonces no es que le pongamos tanta sal a lo que comemos en casa, sino que consumimos mucha en lo que compramos procesado”.

EFECTOS NOCIVOS

El resultado de este consumo excesivo de sal (sodio), explicó el profesor Wehinger, es el “aumento de la presión sanguínea, que a la vez, genera el peligro de sufrir enfermedades cardiovasculares, principalmente del corazón y el accidente cerebrovascular, que es cuando se interrumpe el flujo sanguíneo en algún vaso a nivel cerebral. Ello, trae consigo consecuencias como invalidez o la muerte”.

Además, puede provocar problemas renales. “El aumento de la presión sanguínea no solo daña los vasos sanguíneos y el corazón, también daña el riñón, lo que a largo plazo puede traer enfermedades renales crónicas, sobre todo si la persona tiene antecedentes familiares de hipertensión o de diabetes, o de alguna condición crónica que empeore esta situación”, explicó el académico de la Facultad de Ciencias de la Salud UTalca, quien agregó que hay estudios que señalan que el consumo excesivo de sodio por sí solo no provoca enfermedades, sino cuando va unido como factor de riesgo al antecedente hereditario.

“El mecanismo patológico que subyace en estas enfermedades es relativamente fácil de entender: a más consumo de sodio (sal), más agua retienen los riñones, lo que aumenta la presión sanguínea, y ésta hace que el corazón deba bombear con más fuerza y con más esfuerzo estos grandes volúmenes de agua y a mayor presión, lo que a largo plazo dañan los vasos sanguíneos. Esto favorece eventos anormales de activación de plaquetas o formación de trombos, que son obstrucciones en los vasos. El corazón también se daña y puede aparecer la insuficiencia cardiaca o daño renal, y podemos terminar con una persona que necesite diálisis o trasplante”.

Eso no es todo, porque el exceso de sal, altera el equilibrio con el potasio, que es la contraparte del sodio en el cuerpo. Wehinger explicó que las personas que consumen “dietas ricas en sodio y bajas en potasio, se asocian con el doble de riesgo a sufrir enfermedades del corazón. El potasio está presente en frutas y verduras, por lo tanto, se entiende que dietas elevadas en estas últimas, previene enfermedades”.

EDAD

Los problemas antes descritos, como la hipertensión y patologías asociadas al exceso de sodio, suelen aparecer con la edad, dijo el académico. “La presión arterial tiende a aumentar naturalmente, especialmente sobre los 60 años. Por lo tanto, las enfermedades asociadas las vamos a encontrar en la tercera edad. Pero esto no quita que las dolencias empiecen de manera silenciosa muchos años antes… Por lo tanto, en resumen, el exceso de sal es especialmente peligroso para quienes presentan antecedentes familiares de hipertensión, obesidad o diabetes. Lo mejor es consumir una dieta rica en frutas y verduras y realizar actividad física”.